Anahí Flores
80 páginas
Poesía

De qué sirve pensar
en cuando ya no quieras
o yo no quiera más
tironear de finales latentes 
de qué sirve traerlos a esta tarde
por qué insistir en eso
toquetear el abismo
sembrar vértigo
como quien prepara la cena.

.

Pequeñas palabras esenciales, dice Bukowski desde uno de los epígrafes de este poemario. Y así parecen construirse los poemas de Por encima del agua: desde palabras pequeñas, esenciales, que vienen a hilvanar el amor, la posibilidad del encuentro, del abrazo, esa ilusión inicial, ese encantamiento de todo vínculo en ciernes. Palabras pequeñas, esenciales, que también vienen a hilvanar el devenir posterior, la imposibilidad de la lengua, el desencuentro, la palabra que rompe, que el otro escucha como puede, que se instala como desavenencia porque, como decía Barthes, querer escribir sobre el amor es afrontar el embrollo del lenguaje: esa región de enloquecimiento donde el lenguaje es a la vez demasiado y demasiado poco. Anahí Flores capta, en este poemario, los tres actos de lo que Barthes denomina la jornada amorosa: la captura, la exploración, la secuela. Lo hace como los verdaderos poetas: desde una rama seca, un domingo de invierno, desde la ventana de una casa, tocando la extranjería de la lengua, como quien prepara la cena.

Mariana Travacio

Por encima del agua - Anahí Flores

$9.000,00
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o yo no quiera más
tironear de finales latentes 
de qué sirve traerlos a esta tarde
por qué insistir en eso
toquetear el abismo
sembrar vértigo
como quien prepara la cena.

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Pequeñas palabras esenciales, dice Bukowski desde uno de los epígrafes de este poemario. Y así parecen construirse los poemas de Por encima del agua: desde palabras pequeñas, esenciales, que vienen a hilvanar el amor, la posibilidad del encuentro, del abrazo, esa ilusión inicial, ese encantamiento de todo vínculo en ciernes. Palabras pequeñas, esenciales, que también vienen a hilvanar el devenir posterior, la imposibilidad de la lengua, el desencuentro, la palabra que rompe, que el otro escucha como puede, que se instala como desavenencia porque, como decía Barthes, querer escribir sobre el amor es afrontar el embrollo del lenguaje: esa región de enloquecimiento donde el lenguaje es a la vez demasiado y demasiado poco. Anahí Flores capta, en este poemario, los tres actos de lo que Barthes denomina la jornada amorosa: la captura, la exploración, la secuela. Lo hace como los verdaderos poetas: desde una rama seca, un domingo de invierno, desde la ventana de una casa, tocando la extranjería de la lengua, como quien prepara la cena.

Mariana Travacio